Síndrome de Estocolmo Doméstico

Son muchos los casos de violencia doméstica o de género que a escala mundial se registran en la actualidad, los cuales se han agravado con el tiempo debido a diversos factores que han conducido a un incremento alarmante de este tipo de delito, que muchas o raras veces son denunciados.

En muchos países de Europa, Asia, Estados Unidos, Centro y Sudamérica, solo por citar algunos continentes suelen registrarse este tipo de eventos tan lamentables para la sociedad actual, que afectan enormemente a los matrimonios y al núcleo familiar en general.

Entre estos casos de violencia, se encuentra el Síndrome de Estocolmo Doméstico (SIES-D), originado como se mencionó con anterioridad en mujeres maltratadas y humilladas, las cuales han sido agredidas tanto física como moralmente, pero que continúan manteniendo relaciones con la persona agresora.

Síndrome de Estocolmo y Violencia Doméstica

En tal sentido, las mujeres agraviadas son incapaces de denunciar a sus agresores, con los que siguen viviendo, ni tampoco se muestran decididas a abandonar una relación tóxica y peligrosa que tiene sus bases en la violencia de manera reiterada.

Lo paradójico de todo esto, es que increíblemente muchas mujeres con largos historiales de agresión, ya sea por el esposo, pareja o expareja, tienden a mantener una relación afectiva aún mayor con sus propios agresores, llegando hasta a defender las ambiguas razones que dan sus agresores.

Sindrome de Estocolmo Domestico

Se ha dado el caso en este Síndrome de Estocolmo Doméstico, que muchas denuncias o procesos judiciales en marcha, se han paralizado -por inexplicables razones- que las mujeres objeto de violencia han llegado a declarar a favor de sus agresores antes de ser condenados por la justicia.

El experto psicólogo Nils Bejerot, quien le dio el nombre al Síndrome de Estocolmo, ha argumentado que es común observar en mujeres que han sido víctimas de abusos o violencia doméstica, generar un vínculo traumático que la une con el agresor mediante un tipo de conducta resignada.

Sostiene que el abuso crea en la pareja una dinámica de dependencia, que produce en agredida una alternancia de refuerzos y castigos. Al respecto, afirma que las mujeres que sufren este síndrome y han sido maltratadas, demuestran una incapacidad que las conduzca a denunciar los hechos.

Incluso las denuncias por estos hechos muchas veces son retiradas por las propias víctimas antes de que se puedan traducir en sanciones efectivas para los agresores, dando origen a la creación de un círculo vicioso que mantiene las agresiones y hace que la víctima de la violencia entre en un progresivo estado de deterioro personal.

En síntesis, la sociedad actual tiene enfrente una grave enfermedad social, ya que en la mayoría de los casos de violencia doméstica, estos no son denunciados, lo que hace difícil entender cómo muchas mujeres sufren vejaciones en silencio, creando en la pareja un tipo de dependencia extrema de este flagelo.

La propia sociedad está llamada a ayudar a que esta lacra desaparezca, denunciando sin miramientos los casos de violencia, ya que el Síndrome de Estocolmo Doméstico es parte de un esquema de dominación que continúa afectando a miles de mujeres en el mundo.